LA CONTAMINACION VISUAL Y LA SALUD SOCIAL
* Por Jorge Frascara
"El hombre es una criatura singular; tiene una serie de dones que lo hacen único entre
los animales, de manera que, a diferencia de ellos, él no es una figura en el paisaje: él es el formador del paisaje." (Jacob Bronowski, The ascent of man).
La capacidad del hombre de formar el
paisaje ha sido siempre una actividad ordenadora: simple y física como en las tribus primitivas; compleja y abstracta como en el mundo de las finanzas; técnica y social como en la planificación urbana. El orden es condición esencial para la vida en comunidad, para la comunicación, el trabajo y la libertad. La falta de orden genera inseguridad y dependencia. Fue el desorden medieval lo que dio pie a la nobleza despótica. La falta de claridad en las comunicaciones genera dependencia: gestores para cobrar jubilación, contadores para pagar réditos, abogados para procedimientos de rutina, oficinas de informes para orientarse en edificios públicos. La contaminación visual traba a la tarea organizadora de nuestra percepción, genera incertidumbre, duda, fatiga; afecta nuestro bienestar en cualquier ambiente, requiere más tiempo y esfuerzo, quita energía que podría ser usada constructivamente, es material de pesadilla.
El ambiente urbano influye el desarrollo de nuestra mente y de nuestra vida, que no se define sólo por lo que hay dentro de la mente, sino también por dentro de donde está ella. Así como cierta silla nos invita a sentarnos de cierta manera, también nos invita a comportarnos de cierta manera. Lo mismo pasa con lo que vemos; no permanece sólo como experiencia visual, sino que se transforma en modelo de vida. Es diferente nacer y crecer en una favela de San Pablo, en el centro de Nueva York o en un pueblito suizo. La contaminación visual propone caos y desorden, que son obstáculos insalvables cuando se trata de enfrentar proyectos útiles a todos, tales como la planificación de la salud pública, la educación, la erradicación del hambre en el mundo, o la armonía social. La contaminación surge disfrazada de libertad de expresión, pero en realidad es egoísmo antisocial, trasgresión que imita otras trasgresiones: cuando un auto estaciona ilegalmente, en seguida se suman otros; cuando alguien pega ilegalmente un anuncio en una pared, enseguida se suman otros; cuando un negocio coloca un cartel inmenso, sobresaliendo varios metros de la pared, enseguida otros comerciantes hacen lo mismo. Sin legislación y sin cooperación, dejamos a la ciudad (que es la raíz de civilización) y pasamos a la ley de la jungla. Los mensajes visuales deben ser concebidos como cooperación con la gente y no como competencia contra otros mensajes: si todos gritan, no se oye a nadie. El tono debe ser el de la conversación, no el de la discusión agitada, porque no hay sistema de formas que no represente y promueva una forma de conducta, y la discusión a gritos no es un buen modelo.
En las sociedades más avanzadas, el orden en el tránsito, en la señalización, en las vidrieras, en las oficinas públicas, en la gráfica callejera, o en diarios y revistas, poco a poco penetra en la vida de la gente, la ayuda, y la libera. No se trata de rigidez ni pobreza visual: sólo de claridad. La ciudad ordenada ayuda a crear sentido de lo que vemos, nos permite actuar con facilidad, nos da sensación de seguridad y aumenta nuestra autoestima, porque nos demuestra que comprendemos lo que nos rodea – condición indispensable para la supervivencia desde el principio de los tiempos.
El diseñador de comunicación debe ser conciente que toda pieza que pone en el espacio público afecta el conocimiento, las actitudes y las conductas del público. Debemos ralentar la velocidad habitual, y pensar en las responsabilidades que tenemos cuando agregamos algo al ambiente urbano, a la “conversación visual” en el ambiente urbano. La contaminación visual (el ruido visual, el desorden visual) es abuso de la gente hacia la gente, invade el orden social y destruye el placer de vivirlo.
Como “formador del paisaje” el diseñador tiene la posibilidad y la responsabilidad de crear modelos que promuevan la salud mental y social que tanto hace falta en todas partes.
* Padua, enero 2010 - www.frascara-noel.net
Agradezco a mi esposa, Guillermina Noël, por sus muchos y pertinentes comentarios

La contaminación visual invade paredes y señales, transformando una esquina en un receptáculo de basura visual. Es difícil leer todo o buscar un anuncio en particular, esto desalienta al lector y transforma al grupo de mensajes en ruido.

Una calle y una plaza sin contaminación visual crean sentimientos de paz y armonía.
* Todas fotos fueron tomadas por el autor en París y en Padua. * El autor es argentino, profesor de Diseño en Comunicación Visual de la Universidad de Alberta (Canadá). Es autor de los libros: Diseño gráfico y comunicación, Diseño gráfico para la gente y People-centered Design: Complexities and Uncertainties, entre otras publicaciones.
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