PLAYAS Y BALNEARIOS: EL IMPACTO CENTENARIO
* Por Federico Ignacio Isla
El hombre se ha propuesto alterar los ciclos biogeoquímicos que componen su propio cuerpo: el agua, el carbono, el nitrógeno. Pero alterar el paisaje y la zona costera ejerce un atractivo especial.
Todos los veranos millones de turistas se desplazan a las playas bonaerenses para asolearse bajo la brisa marina y sumergirse en las aguas del Atlántico. Esto sucede ininterrumpidamente desde hace más de 100 años.
Sin embargo, este uso intensivo de dos meses por año ha tenido significativos impactos en la flora, en la fauna y en el perfil de nuestras playas. Las “toninas” que en los ‘70 se acercaban a darnos aquel espectáculo gratis que hoy sólo podemos imaginarnos en algún acuario que muestra orgulloso algún mamífero marino adiestrado. Los chicos ya no pueden juntar almejas amarillas porque casi las hemos hecho desaparecer. En las playas donde abundaban las algas se las han extraído para que no haya olores,…olores a algas.
Las prácticas de baño han cambiado, y hasta las playas han cambiado. Algunas han desaparecido. Otras se las ha logrado recobrar pero con olas distintas, con arena diferente, con otro perfil. El turista procura aprovechar la playa durante los pocos días que tiene para abusar de ella. Los mismos concesionarios de balnearios tratan de abusar de ambos -del turista y de la playa-, para lograr recuperar el dinero que han invertido. Debieron juntar los palos y chapas que desparramaron las tormentas y acomodarlos del modo más armonioso posible.

Los concejales han debido adelantar su voto por la afirmativa para aprobar proyectos que elegidos empleados municipales lograron delinear entre medias-noches y medios-días. Pero que establezcan un canon por los próximos 15 años. Y que el concesionario consiga una evaluación de impacto ambiental que no entorpezca la preadjudicación. El calentamiento global, el eventual ascenso del nivel… eso escapa al ámbito municipal. En todo caso, debe ser una campaña contra “la industria sin chimeneas”. El “principio de precaución” se interpreta como asegurarse de que hoy se cobren las concesiones. Y en 15 años vemos.
Atrás quedaron los aciagos días del invierno pasado, en que las sudestadas parecieron querer arrasar de manera definitiva la villa balnearia. La primavera logró recuperar algo de arena, y las caterpillars van a completar el trabajo. Algún médano fue sacrificado para no tener que reducir la capacidad de sombras del balneario. Y algún edil propondrá alguna obra costera que llamó su atención en la costa mediterránea o en algún atolón del Océano Pacífico.
Comparando fotografías aéreas con modernas, hoy conocemos el ritmo de retroceso de acantilados y médanos costeros (ver tabla).
Localidad |
Erosión m/año |
Punta Rasa |
-7,7 a +12 |
Santa Teresita |
-2,3 a +0,9 |
San Bernardo |
-2,1 a +0,7 |
Pinamar |
-1,1 a + 4,4 |
Villa Gesell |
-7 a +4 |
Mar Chiquita |
-7 |
Gral. Pueyrredon |
-1 |
Miramar |
-0,3 |
Centinela del Mar |
-0,5 |
El Moro |
-0,4 |
Quequén |
-1 a -0,5 |
B. Los Angeles |
-0,6 |
B. San Cayetano |
-0,5 |
B. Orense |
-0,6 |
Claromecó |
-0,4 |
Reta |
-0,4 |
Pero estos retrocesos no se dan todos los años. Normalmente el acantilado se va debilitando hasta que se derrumba debido a una tormenta, o las lluvias hacen subir los niveles freáticos hasta que la arena de los médanos se desplaza hacia la playa. Particularmente, estos episodios se han dado en Mar Chiquita y en el Partido de la Costa afectando construcciones privadas. En cambio, las mismas tormentas en los partidos de Pinamar y Villa Gesell sólo han afectado construcciones balnearias mal emplazadas.
La recurrencia de tormentas era un factor determinante en la estabilidad de playas y médanos. A través de estadísticas de máximos niveles del mar y su duración hoy podemos evaluar la recurrencia de las últimas tormentas y su potencial erosivo (SEPI). De acuerdo a estos datos provistos por el Servicio de Hidrografía Naval para la estación mareográfica de Mar del Plata conocemos que las sudestadas más grandes ocurren con una recurrencia aproximada de una cada dos años y que las más fuertes ocurrieron en 1997 y en el pasado julio de 2009.

Pero las costumbres están cambiando de a poco, y el sentido común va descartando propuestas dilatadas. Las licitaciones municipales procuran reducir las construcciones balnearias, fomentando el uso de madera y estructuras tipo palafitos que no obstruyen la crecida del mar y u o el transporte de arena. Se procuran balnearios menos impactantes. Algunos intendentes están logrando revertir viejas costumbres; otros no pueden vencer las exigencias de los concesionarios, o distraerse de sus propios intereses.
La necesidad de carpas está garantizada por el requerimiento de familias que alquilan reparo del sol y del viento. Las ONGs ambientalistas están logrando poco a poco revertir aquella moda de los grandes balnearios con saunas, canchas de paddle y peluquerías. Los chicos están conociendo las limitaciones del ambiente y hoy no se sorprenden que se analice la erosión o la contaminación.
Esto conlleva a un cambio de cultura. Algunas de las playas abusadas de la actualidad seguramente - si no se revierten las viejas prácticas-, serán deterioradas a un límite irreversible. Pero nuevas playas serán administradas por tomadores de decisión que aprendieron la lección. La erosión seguirá siendo la impuesta por la Naturaleza, la inducida por tormentas (sudestadas),… pero al menos algunas playas podrán recuperarse de los efectos de centenarias malas administraciones. Gran parte del problema quedará resuelto cuando se sancione la anhelada Ley de Costas.
* Federico Isla es profesional del Centro de Geología de Costas de la Universidad Nacional de Mar del Plata e Investigador del CONICET.
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